Sonríes al cielo nublado y te enfrentas al mundo un día más, pero con un poco más de energía. Te sientes hermosa y ya pasas de los comentarios de la gente... Empieza a llover y no te importa no llevar paraguas o quedar bien mojada no, todo lo contrario, sonríes y caminas con la cabeza bien alta bajo la lluvia...
De repente la lluvia cesa y el sol sale iluminándolo todo. A lo lejos, ves un hermoso arco iris y vuelves a sonreír. Tus amigas te comentan “estas muy rara y feliz ¿te encuentras bien?”. Tu solo puedes sonreír y contestar con alguna tontería porque ni tu misma sabes la respuesta.
Sigues tu camino y cuando lo ves todo lo demás se vuelve cenizas, solo existe él en el mundo, no hay más. Él te sonríe y tu corazón late cada vez más rápido...
“¿Que me pasa?” te preguntas al darte cuenta de la cara de gilipollas que has puesto.
El chico acaba pasando por tu lado rozando vuestros brazos y esa parte de tu brazo se eriza provocándote un leve cosquilleo en el estomago.
Y en ese momento lo ves claro, no puede ser nada más... cada sensación, cada estado de ánimo... se debe a ese echo, el echo de estar perdidamente enamorada de él...

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